El dia que Enfrente la Adversidad, con Determinacion Enfoque e Intencionalidad

Focused athlete in starting position on a sunny track field, ready to sprint.

El dia que Enfrente la Adversidad, con Determinacion Enfoque e Intencionalidad

Durante mis años en la Guardia de Honor Presidencial, aprendí la importancia de la obediencia, la subordinación y la disciplina. Estos pilares, grabados a fuego en mi formación militar, me moldearon de muchas maneras. Sin embargo, la verdadera prueba de esa disciplina llegó cuando comprendí que, a veces, la determinación exige romper con una obediencia ciega para defender la propia integridad.

Recuerdo el cabo primero que, abusando de su antigüedad, me sometió a un hostigamiento constante. Entre 1997 y 1999, presté servicio militar obligatorio en el batallón de Seguridad, compañía Lanceros. Fueron dos años de aprendizaje y formación que me sirven hoy en día: «Obediencia, Subordinación y Disciplina: los tres pilares fundamentales del Verdadero Militar». Recuerdo que el ejercicio y la exigencia me hicieron pasar de 115 kg a 92 kg en 3 meses. Plantones, periodos de campo, guardias diurnas y nocturnas, arreglo de áreas comunes, supervisión constante, recompensas y, sobre todo, mucho castigo… Varios recuerdos permanecen en mi mente, pero hoy quiero resaltar uno en especial: el día que «puse fin al abuso y me levanté firme frente a la adversidad». En palabras simples, «fui subordinado a la verdad, fui obediente a los principios y apliqué la disciplina para ser determinado».

Resulta que mi color, altura y creencia no pasaban desapercibidos; por lo tanto, el más antiguo se ensañó conmigo. Donde me veía, era: «¡Tiéndete, nuevo! ¡Flexiones, arriba, abajo, 100!». Durante los últimos meses de su tiempo de servicio, me la tenía montada. La verdad, era una persecución, un tipo de bullying obsesivo y dañino, de esos que destruyen el alma y el corazón. Fue entonces que, ya cansado del maltrato, obstinado y molesto conmigo por la inacción, un día me dice el cabo primero: «¡Tiéndete, nuevo!», en tono desafiante y altanero, como si fuera un todopoderoso. Yo respiré profundo y obedecí. No conforme con eso, me dice: «Dame 10 más, 10 más, 10 más… ¿No te la das de evangélico?». Y buummm, esa fue la gota que derramó el vaso. Normalmente soy tranquilo, busco enfrentar las adversidades con pocas emociones; sin embargo, en ese momento la euforia y un sentimiento de rabia, indignación y valentía vinieron a mí, fue como si surgió dentro de mí el, “Abel”  determinado a todo y para todo. Y entonces, frené, me levanté y lo encaré, mirándolo hacia abajo, con la mirada del León cuando ve a su presa. La gente no toma en cuenta que el león no es el Rey de la Selva por su tamaño, fuerza o inteligencia. El rey de la Selva NO tiene miedo.

Erguido y firme, pero a la vez sereno y sin miedo, me enfrenté con determinación, con intención y enfoque en detener el abuso. No era solo por mi altura, que es imponente (porque yo mido 1.92 m y él 1.60 m), repito, era la determinación de poner fin al abuso. El cabo primero, asombrado y asustado, creo, me dice: «¿Qué te pasa, nuevo?», en su último intento por recobrar lo que perdió, su autoridad sobre mí, ya que luego lo acorralé, me le encimé, lo empujé y, cuando ya casi me transformaba en Hulk, escuché una voz que me dijo: «Ten paz»… ¡Jajaja! Mentira, llegaron mis compañeros a defenderme y separarme. A partir de allí, ese cabo primero nunca más me fastidió, a pesar de que estábamos en la misma cuadra.

Hay momentos en la vida donde uno debe pararse firme, determinado, intencional y enfocado frente a lo que lo ha golpeado constantemente, y enfrentarse contra aquello que no lo deja avanzar, aquello que lo desprecia y lo humilla. Se debe tomar la fuerza y determinación para enfrentarse.

Daniel 3:16 al 18 Reina Valera 1960 relata un caso similar:

Sadrac, Mesac y Abed-nego respondieron al rey Nabucodonosor, diciendo: No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará. Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.   

Así como en ese momento crucial, tú también puedes encontrar esa fuerza interior cuando te enfrentas a situaciones que te lastiman o te impiden avanzar.

¡Adelante, tú puedes!

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