No podrás Evitar la Confrontación

No podrás Evitar la Confrontación

Un enfrentamiento entre bandas… y yo en el medio

Una vez escuché: «Dios prueba a sus mejores guerreros con grandes batallas». Pero más allá de la frase, la pregunta que surge es: ¿Soy yo un guerrero de Dios?¿Es esta la pelea que Él quiere que pelee?

Creo entonces que la afirmación correcta sería:
«Dios prueba los corazones de los guerreros en medio del sufrimiento, para que vean a Él de su lado».

Entonces, me recordé de una historia que me abrió los ojos, para ver las oportunidades de la vida

Se cuenta que hubo dos hombres que se encontraban en medio de una situación compleja. Por rumores, comentarios y noticias en las redes, se les señalaba como culpables de las catástrofes que afectaban al vecindario. Por eso, los vecinos, enfurecidos, se aliaron con matones para cercarlos y atacarlos.

Y así surgió el escenario:

Era una noche sin luna, en un callejón mal iluminado donde el olor a gasolina quemada se mezclaba con el eco lejano de motores acelerando. Los vecinos, armados hasta los dientes, formaban un círculo asfixiante: motorizados rugiendo como bestias, carros blindados con vidrios polarizados que ocultaban rostros llenos de odio, y hombres con pistolas que golpeaban sus culatas contra las palmas de las manos, ansiosos por descargar su ira. El aire era pesado, cargado de gritos y el sonido metálico de cerrojos alistándose.

Del otro lado, contra una pared desconchada por el tiempo, los dos hombres respiraban entrecortadamente. Uno de ellos temblaba de miedo. Las piernas le flaqueaban, y un trozo de carne mal masticado se atoraba en su garganta. Por dentro, pensaba: «De esta no salgo con vida. Ha llegado mi hora». Su mente se nublaba ante las pistolas que brillaban bajo los faroles, las cadenas que relucían en manos ajenas, y los ojos inyectados de venganza que lo miraban fijamente. Finalmente, se volvió hacia su compañero y dijo con voz quebrada:
Hasta aquí te acompaño… estamos muertos.

El compañero lo miró con una sonrisa de paz y tranquilidad, como si el caos a su alrededor no existiera. Entonces, pronunció una declaración que retumbó en el mundo espiritual y físico:
«Más son los que están con nosotros que los que están con ellos».

En ese instante, se abrieron los ojos del hombre atemorizado… y vio legiones de ángeles descendiendo entre las sombras, sus armaduras doradas destellando entre los faroles rotos. El ejército del cielo rodeaba el callejón, espadas de fuego en mano, custodiándolos, protegiéndolos, listos para luchar a su favor. El viento helado de antes ahora llevaba un aroma a hierba recién cortada, como un campo de batalla divino.

Recuerda:
«A sus ángeles mandará cerca de ti, para que te guarden en todos tus caminos» (Salmo 91:11).

Guerrero de Dios, Él está probando tu corazón.

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